Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana
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La iniciativa IIRSA surgió para buscar una integración regional. Después de ocho años, el desafío es mantener una estrategia considerada exitosa. Aunque algunos apuntan a la falta de un organismo superior que pueda aunar criterios.
por Patricia Zvaighaft de América Economía


Santiago. El inicio de un nuevo siglo pareció ser el momento propicio para la creación de lo que fue considerado como uno de los planes más ambicioso de infraestructura a nivel Latinoamericano. Ocho años después la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) tiene una cartera de 514 proyectos con una inversión estimada en cerca de US$ 69.000 millones.

IIRSA surgió en el marco de la Reunión de Presidentes de América del Sur, realizado en Brasil en agosto de 2000, donde los doce jefe de Estado de la región coincidieron que para potenciar y aumentar la competitividad de sus países era necesario, entre otras cosas, la modernización de la infraestructura regional, para así estimular la integración y el desarrollo. En esa línea, se establecieron tres líneas de acción: energía, transportes y comunicaciones.

La iniciativa contemplaba un conjunto de proyectos que ya existían y que era necesario rehabilitar, así como otros que estaban siendo estudiados. En sus comienzos, según explicó a AméricaEconomía.com José María Díaz, especialista en Infraestructura del BID - organismo que presta asesoramiento técnico a IIRSA- “el discurso político era muy grandioso y si uno revisa las actas de conformación de la iniciativa daba la sensación que iba a ser una especie de aparato muy fuerte. Pero luego la realidad, viendo la disposición de tiempo y de recursos, la iniciativa finalmente se conformó como un foro de trabajo para realizar un proceso de planificación territorial en la región”.

Así se constituyó como un mecanismo de coordinación de acciones y se consolidó como un foro esencial para la construcción de una agenda común. Bajo esa estructura, el Secretario del Comité de Coordinación Técnica de IIRSA, Ricardo Carciofi, aseguró que ha generado resultados “muy concretos”: del total de los proyectos en cartera, el 70% está en ejecución.

Estructura flexible. Uno de los principales atributos que la iniciativa ha logrado, precisó Carciofi, tiene que ver con la continuidad: “Durante ocho años los países trabajan de manera continua y sostenida sobre la base de una agenda focalizada de integración. Y esa agenda ha ido progresando y dando sus frutos”. En eso ha resultado clave la estructura que ha mantenido IIRSA, donde no existe un órgano superior, sino que se sustenta sobre la base de los gobiernos que la conforman.

Sin embargo, la ausencia de un marco político legal superior, que permita fortalecer la implementación de proyectos ha sido, para algunos, una de las falencias de IIRSA. Pero desde dentro, la perspectiva es más positiva. Para Roberto Salinas, coordinador nacional de IIRSA en Paraguay, la ausencia de una un marco político legal demasiado rígido ha sido una de las fortalezas de la iniciativa, puesto que permite flexibilidad y dinamismo.

Según detalló Díaz, es precisamente esa “flexibilidad” la que ha permitido el éxito: “Toda la visión regional ha cambiado bastante desde el año 2000, pero la cartera IIRSA se ha mantenido con criterios bastantes estables. Esto demuestra que no ha habido tanta visión política detrás, sino más técnica”.

El reto. A fines de 2010 finaliza un nuevo mandato de IIRSA y un tema que está en agenda es analizar si la estructura con la que se ha trabajado durante este tiempo ha sido la adecuada. El especialista del BID aseguró que es un tema que está en la agenda y es algo que se va a evaluar antes de iniciar otro mandato, relación a “si se repite este modelo o si es necesario tener un apoyo político más fuerte, ante un grupo colegiado como Unasur. Esa es una alternativa que se está analizando”, señaló.

De estas decisiones, que deberían adoptarse a final de 2009, dependerá qué ocurra con IIRSA en el futuro y definir el plan acción a seguir. Por su parte, Ricardo Carciofi coincide en la que idea de que tal vez Unasur pueda “ser el gran acuerdo que puede dar lugar a estas otras estructuras, que están contenidos en un plano más general”. Y agregó que “cuando tengamos acuerdos de ese tipo, podamos encontrar regulaciones de alcance latinoamericano”.

Sin embargo, por ahora no se puede esperar procesos profundos de integración como si los hay en Europa, esto porque “la institucionalidad y el proceso de integración en la región no tiene la profundidad que tiene el caso europeo”, explicó.

Para ello, el experto explicó que la medida ideal para la ejecución de proyectos es la “convergencia de regulaciones: viendo qué cosas puedes adaptar sin salirte de cosas legales o constitucionales, de manera tal de amortizar estas soluciones concretas. Eso depende de voluntades políticas, de empujar en esa dirección”. Puesto que “se puede ajustar la letra chica para hacer viables las instalaciones. Eso cuesta mucho recurso técnicos, de diseños y de recursos políticos para que eso ocurra”, puesto que de otro modo será difícil: “La creación de supranacionalidad en la región estamos lejos de eso”.

Para Rigoberto García, coordinador nacional del IIRSA de Chile, “la Unasur debe transformarse con el tiempo en el ente político, y de ella emanar lineamientos políticos para el accionar de los diferentes entes técnicos”. Y agregó que IIRSA “debe entrar en una interacción fluida con la Unasur para poder pensar la América del Sur 2020-2030 que todos queremos”.

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